10 meses
Lo más difícil siempre es empezar. Una vez que estás en el ruedo siempre todo es más sencillo. Una amiga me inspiró a plasmar aquí mi experiencia, y si mis palabras pueden servirle a alguien ya estaré con esa idea más que agradecido y feliz.
Recuerdo que en la casa de mi niñez había un guardador de llaves de madera
que contenía la siguiente frase: deuparth gwaith yw ei ddechrau. Es un
proverbio galés, cuya traducción dice que “las dos terceras partes de un trabajo
es empezarlo”. Y aquí estoy yo, con la intención de volcar en estas páginas mi
experiencia como padre.
Voy a empezar diciendo que nunca me vi como una persona paternal, ni mucho
menos. Pero sí tenía en claro que en algún momento de mi vida quería ser padre.
Hoy, que mi hija ya está cumpliendo 10 meses, puedo asegurar que no me imagino
la vida de otra forma que no sea la actual.
Obviamente que al llegar un bebé se modifica por completo la dinámica
familiar, los tiempos son otros y las reuniones a las que uno siempre ha estado
acostumbrado van modificándose también. No por ello uno tiene que dejar de
vivir su vida, es importante esto. No olvidarse de que uno es un individuo, con
un bebé por supuesto. Lo ideal es incluirle en las salidas y buscar la manera
para que conecte y conozca a la gente que rodea y habita dentro de los círculos
que uno tiene, tanto familiares como sociales.
Recuerdo que la primera vez que la vi sentía que se me aflojaban las
piernas, un ser humano tan pequeño viendo por primera vez luces y siendo
rodeada por gente que la manipula para chequear sus signos vitales y que esté
todo en orden. Cuando la tuve en mis brazos sentía que se me iba a caer en todo
momento, y yo que siempre he tenido un grado de torpeza importante, tenía el
doble de miedo. Por suerte estuvo todo bien, la pesaron y al poco tiempo
pudimos ir los tres para la habitación.
Esas primeras semanas fueron duras, mucho más para mi esposa que para mi ya
que mi hija, se llama Sofía y de ahora en más la llamaré por su nombre,
demandaba constantemente de ella. Y yo en ese entonces me encontraba trabajando
siete horas diarias y era ella quien cargaba con toda la responsabilidad en la
cotidianidad.
A los dos meses de Sofía finalizó mi contrato de trabajo y desde ese
entonces me encuentro en búsqueda de empleo. Esta situación me permitió estar
mucho más presente que quizá otros padres en la vida diaria de mi hija,
compartir momentos y jugar más con ella.
Debo admitir que en mi interior siempre se libra una lucha entre las
sensaciones de culpa, de si estaré haciendo bien las cosas, si estoy fallando
yo o bien la situación del país lo hace todo más difícil. A esto sumarle el
hecho de querer hacer lo mejor para mi hija, intentar darle tiempo de calidad y
la mayor cantidad de besos y abrazos que pueda.
En definitiva, quiero decirle a quien lea esto que ser padre es maravilloso.
Creo que es lo más lindo que te puede pasar. Pero también cuesta, tiempo,
dinero, cansancio, ojeras, y sobre todo, paciencia. Pero vale la pena.
Gracias por leerme, hasta la próxima vez.
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